Pensamiento Mágico y Toma de Decisiones. Prueba de Confianza
Liderazgo

Pensamiento Mágico y Toma de Decisiones. Prueba de Confianza

19 de agosto de 2026

Cuando nos aparecen dudas frente a alguna situación en la que debamos decidir, es mejor detenerse, hacer una evaluación más cuidadosa y lo más objetiva posible. Debe definirse: cuál es el problema, qué datos son los más relevantes, cómo se puede cuantificar o categorizar esta información para lograr una decisión mejor sustentada y con el mayor porcentaje de certeza posible.

Pero, ¿qué pasa cuando nuestras emociones o estados afectivos están involucrados en este análisis?

La Psicología del Desarrollo Cognitivo, que estudia las diferentes etapas en las que se van presentando los cambios cuanti-cualitativos del pensamiento; es decir, de cómo procesamos y administramos los datos exteriores e interiores, nos informa acerca del animismo, que es una característica central del desarrollo cognitivo infantil descrita por el Psicólogo Jean Piaget, que se presenta entre los 2 y 7 años de edad aproximadamente, esta consiste en la tendencia del niño a atribuir vida, sentimientos, intenciones y conciencia a objetos inanimados (como juguetes, nubes, el sol, etc., por ejemplo, si una piedra se desplaza, producto de una rampa inclinada o porque algo o alguien le dio impulso inicial, se le puede atribuir “vida”, intencionalidad, o que la piedra también piensa o siente). Al animismo también se le suele llamar realismo infantil (donde las explicaciones que se manejan no toman en cuenta criterios, categorías o líneas de tiempo, sólo se justifica o se cree que es así por el solo hecho de creerlo o porque a partir de la aparición de una variable en particular justifica la conclusión – claro que los niños o los que se encuentran en esa fase, no lo van a explicar de esta manera). Piaget habló de un escalonamiento de etapas, no necesariamente de que se ajusten a una edad exclusiva o a un período de tiempo conclusivo.

Cuándo mantenemos el principio mágico - fantástico - o el realismo infantil

Puede que alguna vez nos hayamos enfrentado a situaciones en las que nos cuesta aceptar los hechos o la evidencia que tenemos al frente, incluso cuando un grupo de cercanos nos advierten y nos sustentan su apreciación. No es que haya carencia de información o que no podamos hacer una evaluación lógica de datos, sino que cuando se involucran nuestras emociones o sentimientos volvemos al animismo, justificamos mágicamente la situación, la persona o sus acciones; quizás también porque no queremos cargar con el peso de tener que enfrentar una determinada realidad.

A manera de ejemplos, podemos traer algunas afirmaciones hechas por personas que pueden incluso contar con gran preparación, inteligencia o estatus: “Si fue tan bueno/a, no puede ser malo/a”, “si antes ya gané en la “maquinita”seguro sólo es cuestión de que apueste un poco más para que me vuelva la suerte”,“es que también yo, que me pongo a responderle cuando está de mal humor”, “no…no se aprovecha, sólo sabe que puede contar conmigo”, “bueno, a veces puede fallar pero, yo confío”, “solo lo hace con cierto tipo de personas, él/ella no es así…”

Ejercicio:  prueba de confianza

No te pediremos que cierres los ojos y te dejes caer de espaldas. En esta etapa de animismo, las personas no pueden ser convencidas con argumentos; porque se aferran a lo mágico, a que las cosas son como ellos creen que son. No hay forma fácil de hacer que “entren en razón”. Incluso, si la propia persona empieza a cuestionar sus propias creencias, aquí también puede que termine engatusada por su propio pensamiento mágico, fantasioso o aterrador, y refuerce su idea de que más vale lo que ella misma piensa, y justificará su decisión en el hecho que “a mí, no me pasará” o “todos los que piensan diferente a lo que yo pienso están equivocados”

Pon a prueba el nivel de confianza que te generan las personas. Piensa en una solamente, y sométete a ti mismo a responder sinceramente estas tres preguntas con respecto a ella:

a)     Si tuvieses una suma de dinero importante en efectivo y necesitas dejarla en custodia a alguien por algún tiempo. ¿Le pedirías a esa persona que te lo guarde?

b)    Tienes un auto nuevo, pero debes salir de viaje por una semana y necesitas que alguien te lo guarde. ¿Le darías tu auto, con llaves y documentos?

c)     Necesitas hacer un trámite que puede demorarte entre cuatro a ocho horas y no puedes llevar a tu hijo pequeño, ¿pedirías a esta persona que lo cuide y atienda?

Las respuestas no hablan de si sigues o no confiando en ellas, tus respuestas indican el grado de confianza que en el fondo tú tienes sobre ella. Como habrás experimentado, la tercera es mucho más intensa, por lo que está bien que no todos logren ese nivel de confianza, es un nivel reservado para tu círculo más íntimo, donde las personas deben haber demostrado esa coherencia, compromiso, predictibilidad y valores alineados a los tuyos.

Otra manera poderosa de llegar a romper o, por lo menos, vislumbrar que se puede salir de este animismo, frente a algunas personas o situaciones donde tenemos este conflicto para evaluarlas con objetividad, es recurrir a una situación de transferencia: “¿Qué le aconsejarías a tu hijo si tuviese tu edad y recursos y que se encuentra frente a esta situación que tú ahora estás atravesando?, ¿qué le pedirías que haga o qué consejo le darías y que debería tomar en cuenta?

Psic. Orlando G. Cruz Neyra

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